Celular de la víctima fue clave para hallar el homicida de reconocida diseñadora de ropa en Medellín

En la mañana del 4 de junio de este año, en un apartamento ubicado en Itagüí, al sur de Medellín, la policía descubrió una triste escena.

Minutos antes de encontrar el cuerpo sin vida de Laura Ocampo Betancur, de 30 años, los vecinos del conjunto, asegura la Fiscalía, escucharon gritos y golpes.

Algunos de ellos llamaron a la portería para que el celador, un joven de 24 años, hiciera presencia en el lugar y averiguara qué pasaba en el apartamento de Laura, una querida diseñadora de una reconocida marca de ropa de la ciudad.

Sin embargo pasó cerca de media hora antes de que Jorge Andrés Bedoya, el celador, respondiera los llamados de los vecinos.

Parecía ser un crimen perfecto, salvo por un error garrafal por parte del asesino.

Cuando la policía llegó encontró el cuerpo de Laura semidesnudo, con signos de haber sido abusada sexualmente, con marcas de estrangulamiento y con dos heridas producidas con arma blanca, quienes fueron finalmente las que le arrebataron la vida.

Se llevó a cabo el levantamiento del cuerpo. Hubo consternación dentro de la vecindad y el mundo de los diseñadores, ya que Laura era una gran persona, amante de los perros, muy familiar y querida.

La policía comenzó las respectivas pesquisas, se interrogaron a muchas personas, se sacaron muestras forenses y peritos analizaron cámaras de seguridad así como el escenario del homicidio.

Entre los hallazgos, los investigadores determinaron que un hombre había salido del conjunto poco después del asesinato, pero no estaba registrado en el libro de la portería.

El celular de alta gama de Laura tampoco aparecía, por lo que se supuso que había sido robado.

Fue entonces que los detectives decidieron enfocarse en este aspecto: tratar de localizar el celular de la víctima.

Fue así como varios días después el aparato emitió una señal y al realizar el rastreo del aparato la computadora arrojó una dirección en el barrio Robledo de Medellín.

Al llegar al lugar los investigadores chocaron con una realidad desconcertante, la dirección coincidía con la residencia del quien, por aquel entonces, era el celador del conjunto donde vivía Laura, en aquella casa vivía Jorge Andrés Bedoya Peña.

Con estas pruebas la Fiscalía expidió orden de captura contra el hombre.

Ya en audiencia, negó toda relación con el crimen a pesar de las evidencias.

Los delitos que le fueron imputados eran feminicidio agravado, acceso carnal violento y hurto calificado.

Jorge Andrés no aceptó cargos, pero aun así el Juzgado 18 Penal Municipal de Medellín, con funciones de control de garantías, le impuso medida de aseguramiento en centro carcelario.

Ahora falta que, de ser aceptadas las pruebas, se dicte una condena ejemplar.